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La noche que la alegría se volvió rampante en un poblado en Bellas Artes

Updated: May 11, 2022


“Un verdadero artista no es alguien inspirado, sino uno que inspira a otros”

- Salvador Dalí


Hay artistas que sobrepasan su tiempo, aunque muchas veces no logran el reconocimiento que se merecen. Estos crean obras de arte que se vuelven sublimes piezas de mirada a la realidad desde puntos de vista únicos. El viernes 6 de mayo de 2022 se llevó a cabo el concierto “¡Alegría Rampante El Concertazo!” en la Sala René Marqués del Centro de Bellas Artes de Santurce. Queremos compartirle lo vivido en este gran evento en donde la música y el teatro se volvieron una pintura viva sobre el escenario.


El concierto fue dividido fue tres partes a modos de actos; Como en el género del teatro. Cada uno con una ropa y escenografía particular. El primer acto comenzó cuando subió el telón y en el centro de la tarima e iluminado por una luz desde arriba color amarillo el gran guitarrista Bayoán Ríos interpretó una pieza musical solo y vestido en una clara alusión al “Jíbaro” de Ramón Frade. De pronto, se encendió la luz sobre el piano uniéndose a Bayoán el propio Alegría Rampante.


El primer acto del concierto fue una paleta de pinceladas musicales llevada por “Loa pobladores” como llamó Alegría Rampante a sus músicos e inventados. En la canción “El matorral” entró el pianista Bebo Rivera en una complicidad de notas musicales; En “Camp Soldat” con una guitara y en una torre de madera: José Ciénaga en pura intensidad; En “Soldado” la saxofonista Janice Maisonet seduciendo con su saxofón; En “Sajorí” Alegría Rampante anunció que la cantautora Andrea Cruz no pudo estar por asuntos de salud, pero le dedicó la canción que cantarían una la cual cantó a dúo con una de sus coristas; En “Todo en orden” con Macha Colón en una viaje surreal luego de conversar como si estuvieran en un bosque; En “Jirafa” con Fofé en un despliegue de histrionismo en una sincronía de miradas y voces; En “La ruta larga” con Mima en un placer de tonos en conjugación con las luces; Y cerró esta parte solo en el piano cantando “Ciudad fantasma” .


Esta primera parte fue un viaje sensorial guido por la escenografía; Los miembros de la banda y coristas vestidos como cavernícolas lo cual nos remontaba al origen, a lo básico, a la génesis, a la identidad primaria; Los invitados cada cual tan únicos en sus estilos y performance, pero a la vez con la misma entrega, pasión y fusión con Alegría Rampante; Y el juego de luces exquisito. Todo con una precisión artística quirúrgica.


El segundo acto musical comenzó con la tarima más iluminada; vestidos como meseros con pelucas grises y gafas blancas; En el centro y cerca del techo un cartel que decía en un logo: “Joroba de pelo”. Las canciones de ésta fueron: “Yo sirvo”, “Se llamaba Raquel”, “Mi mente”, “Pedazo de Luna” y “Desnuda”. Aunque fue una parte compuesta por pocas canciones, los diálogos reflexivos de corte psicológicos/filosóficos/sociales/existenciales le dieron un toque de infinitud y de magnificencia intelectual.


El tercer acto fue un junte escenográfico y filosófico que recogió lo fueron los anteriores.Para esta parte, la vestimenta fue vestida como una banda de rock, cada cual como se viste para los conciertos de Alegría Rampante y Eduardo con jacket de mahón intervenido con parchos, beats, gorra de béisbol con grama sintética en la vicera y una boa de plumas amarillas y doradas en el cuello dando un look glam. El ritmo musical que predomino fue el disco (Aunque también hubo un bolero) y bailable creando un bacanal de sensaciones entre los asistentes. En esta parte estuvieron las canciones: “Este cuarto crece”, “Capitana”, “Alucinando al máximo”, “Como en la diva mix”, “La iguana en la ventana”, “Un cuarto más pequeño” y “El recipiente”.


“¡Alegría Rampante El Concertazo!” fue eso: Un concertazo. Fue la noche en que el indie y sus exponentes más importantes de la Isla se juntaron provocados y convocados por Alegría Rampante. Fue un viaje en la evolución del ser desde espacios, lenguajes y filosofías que rayan entre lo política/socialmente correcto y lo prohibido que suele ser tan excitante. Lo surreal se volvió divino placer en la selección de las canciones, su curadoría y la ejecución en tarima. Luces, letras, vestuarios, escenografías fueron una poética irreverentemente correcta. Un público divino y diverso fue el complemento perfecto para la noche en el que el indie reinó en el Centro de Bellas Artes de Santurce.

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